La ciudad donde Donghua University me albergó

Tras pasar el proceso de preselección de los postulados a las Becas del Gobierno Chino, superado el momento de tensión que implicó la entrevista en la Embajada China, finalmente se publicó la lista de los candidatos a las becas para Programa de Idioma Chino, Carrera de Grado, Posgrado, Doctorado. Encontrar mi nombre ahí fue algo increíble: el sueño se convirtió en realidad.
Una de las primeras cosas que tocó hacer fue inscribirse al Chinese Scholarship Council (CSC) donde debíamos elegir tres universidades a las que queríamos ir por orden de prioridad. No conocía mucho sobre la sociedad china en las distintas provincias, por lo que me incliné por una ciudad que fuera grande, con conectividad hacia otras provincias y que tuviese una población de extranjeros lo suficientemente grande como para encontrar algún refugio occidental en caso de no soportar el shock cultural. Mejor prevenir cualquier contingencia.
Shanghai fue la más atractiva. Como estudiante de Diseño de Imagen y Sonido no era ajena al Festival Internacional de Cine de Shanghai. En cuanto a diseño arquitectónico, se puede ver la arquitectura china de los templos y los hutongs, la presencia europea en la Concesión Francesa, los edificios británicos en The Bund o 外滩 . Una ciudad en constante crecimiento pero que en sus distintos rincones rastros de su historia permanecen desapercibidos para el ojo desprevenido.

Entonces llegué a Donghua University. A pocos metros de la estación Yan’an West road, por donde pasan las línea 3 y 4 de metro, su campus me ofrecía una posición privilegiada en el mapa que me disponía a explorar. La línea 71 que pasaba frente a la universidad me llevaba en unos 40 minutos hasta El Bund, por sólo 2 yuanes. Si bajaba unas paradas antes, podía caminar hasta el Templo Jing’an.

Aunque los comedores y restaurantes del campus ofrecen menúes variados, cada tanto era necesario salir a comer afuera para romper la rutina y relacionarse con los compañeros de clase. Y teníamos variedad de lugares para saciar el apetito y la curiosidad por los sabores de la comida de las distintas regiones del país. O si sólo queríamos un bocado para llevar, también contábamos con puestos de 包子 baozi de distintos rellenos o 手抓饼 shouzhuabing, una tortilla crujiente con relleno y aderezo a gusto, parecido a un burrito. La contraparte del veloz crecimiento es que junto al campus estuvieron remodelando y muchos negocios tuvieron que mudarse a otras partes de la ciudad e incluso a otras provincias. Por lo que para mediados del segundo semestre tuvimos que despedirnos del laoban 老板 de las shouzhuabing, estaba triste pero dijo que lo vayamos a visitar a Yiwu. Espero poder cumplir con mi promesa pronto.

La universidad cuenta con gran variedad de extudiantes de distintas nacionalidades, excepto argentinos. Cuando estuve allí, me dijeron que había uno o dos argentinos pero en el campus de Songjiang, así que nunca los conocí personalmente. Lo cual tenía sus ventajas, ya que tenía muchos compañeros del sureste asiático que se desenvolvían mejor en chino e incluso algunos coreanos que sabían poco o nada de inglés. Así que no tenía excusas para poner en práctica el idioma, a tal punto que al regresar a Argentina y saludar a mis padres, dije a cada uno un cariñoso «nihao».
En otra oportunidad escribiré sobre las distintas actividades de la oferta académica de la universidad de Donghua, siendo ésta fue una suerte de introducción a la gran experiencia que para mí significó pasar un año en un lugar tan lejano y distinto al natal, que para quien también la haya vivido coincidirá en que no bastan las imágenes y las palabras en ningún idioma para expresar todos los momentos, sensaciones, sentimientos, encuentros, descubrimientos, amistades, alegrías, tristezas, miedos, inquietudes, que se nos presentaron. Pero quizá pueda dar sólo un indicio con una última imagen, en la que figuran las personas con las que compartí todo lo anterior y que siendo tan distintos, coincidimos en el mismo lugar.


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